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Obra: Juan de Goto y Diego Kisai

Autor: Francisco Martínez

Fecha: Siglo XVIII (1717)

Técnica: Óleo sobre tela

Dimensiones: 142 x 84 cm

Colección: Museo de Arte Sacro de Chihuahua

Fuente: Bargellini Clara 2019 [CB], pp 109

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Inscripción:
S. Diego Quisai  S. Juan De Goto.

Firma: Franco  Martinez Fac (incompleta)

En esta pintura, el pintor Francisco Martínez (ca. 1692-1758) imprime un claro sentido narrativo, sin recurrir a efectos dramáticos o lumínico excesivos. Los dos personajes se muestran serenos y en reposo; aunque sus gestos son expresivos, están contenidos en un movimiento moderado. Dicho movimiento es dinamizado por las diagonales de las cruces que ambos abrazan, las cuales convergen en el extremo inferior del formato. 

La aplicación del color es ligera y fluida, una veladura dispuesta sobre una base de volumen palpable, visible gracias al relieve que dejó el pincel cargado de material con el que se construyó el volumen físico de la pintura. Esta técnica, combinada con el almagre de la preparación del soporte, crea una atmósfera cálida y de gran luminosidad. Un detalle notable es el tratamiento de las manos, largas y afiladas en ambos personajes, modeladas con trazos firmes y un colorido suave. Este rasgo refuerza la simetría de la composición y contribuye a la elegancia y armonía que posee la obra.

Esta pieza forma parte de una serie de seis pinturas sobre santos jesuitas, que incluye a San Juan Francisco Regis, San Pablo Miki, San Francisco de Borja, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kotzka. De ellas solo la pintura de Regis está fechada en 1717, por lo que se ha establecido como referencia para valorar la etapa más temprana del pintor. Aunque en esta obra de los mártires del Japón también aparece la firma, la inscripción no puede leerse por completo, pues el lienzo fue recortado en los bordes y parte del texto se perdió, probablemente junto a la fecha. No obstante, la unidad formal que guardan las seis pinturas sugiere que fueron realizadas en el mismo periodo.

[CDR]

La doctora Clara Bargellini me ha señalado la posibilidad de que las pinturas hubieran pertenecido al extinto Colegio de la Compañía instituido en Chihuahua a principios del siglo XVIII. la homogeneidad del grupo lienzos dedicados a los mártires, estarían precisando no solo la datación de un conjunto de obras –ya que únicamente el cuadro que representa a Juan Francisco de Regis se encuentra fechado en 1717– sino que también estaríamos ante las primeras pinturas realizadas por el pintor Francisco Martínez, debido a que el lienzo apenas citado es hasta el momento la primera obra conocida de su producción pictórica.

Juan Soan, llamado también Juan de Goto por ser originario de este reino japonés, nació en 1578, hijo de padres cristianos, quienes por la persecución sufrida en su contra habían tenido que buscar refugio en el reino de Jimo. En este lugar inició sus estudios con los jesuitas, y luego se trasladó a la Isla de Jeki para finalmente – como catequista– establecerse en Osaka. Al poco tiempo de iniciar su noviciado en esa ciudad, fue hecho prisionero junto con sus compañeros de orden, sufriendo los tres la misma suerte. Se dice que durante su martirio, al pie de la cruz, estaba su padre dándole consuelo hasta que expiró (Enciclopedia Universal, II, 2969-70). Diego Kisai nació en 1533 en el reino de Bigen, recibiendo el bautizo en su juventud. Contrajo matrimonio con una mujer cristiana, la cual apostató al poco tiempo sin que él pudiera lograr nuevamente su conversión a la religión católica. Por esta causa decidió abandonarla, no sin antes llevarse al hijo de ambos llamado Juan, a quien logró colocar en un lugar seguro para que fuera educado cristianamente. Conseguido este objetivo, se presentó con los padres de la Compañía de Jesús que se encontraban en Osaka, lugar donde se dedicó a catequizar y servir de portero en el establecimiento de la Orden. Manifestando su deseo de pertenecer a la Compañía, en 1596 reiteró su petición ante los superiores, quienes, satisfechos con su desempeño, piedad y fervor religioso, lo aceptaron como coadjutor temporal. A fines de ese año se dio la orden de prender a todos los religiosos de la ciudad, así que sufrió el martirio. Estos mártires del Japón habían obtenido la beatificación del papa Urbano VIII en 1627 y hasta 1862 alcanzaron el título de santos.

Los religiosos se encuentran de pie, con el rostro vuelto hacia el cielo, en donde un rompimiento de gloria los ilumina. Un elemento importante de la composición es el lugar tan destacado que ocupan los atributos que portan los santos, ya que sostienen las cruces, lanzas y palmas que simbolizan el martirio sufrido en Nagasaki, además de dotar las composiciones de cierto dinamismo con sus líneas diagonales. Si pensamos en la agonía que debieron sufrir los personajes, queda acentuado el carácter efectista de estas obras en las expresiones de arrobamiento y serenidad de los rostros.

[CB]

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