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Obra: Trinidad Antropomorf

Autor: Anónimo novohispano

Fecha: Siglo XVIII

Técnica: Óleo sobre tela

Dimensiones: 165 x 116 cm

Colección: Museo de Arte Sacro de Chihuahua

Fuente: Bargellini Clara 2019 [CB], pp 153

En el centro de la obra, tres figuras masculinas de apariencia similar, aunque con atributos distintivos, dominan la escena. Están dispuestas en una suerte de triángulo o semicírculo que sugiere jerarquía.

La figura central, posicionada ligeramente más arriba y en el eje principal, irradia luz desde su pecho, donde se observa la figura de un sol. Viste una túnica blanca que acentúa su luminosidad y sostiene un cetro delgado, lo que podría interpretarse como un símbolo autoridad divina. Su mano derecha está levantada en un gesto de bendición.

A la izquierda, una segunda figura viste una túnica y manto azul, y en su pecho aparece la figura pequeña de un cordero. Su mano izquierda descansa sobre su pecho, mientras que la izquierda se extiende hacia la figura central.

A la derecha de la figura central, la tercera figura está vestida con una túnica roja que contrasta vibrante con los tonos más suaves de las otras vestimentas. Su mano izquierda reposa sobre su pecho, donde aparece la figura de una paloma blanca en vuelo. Ambas figuras laterales parecen estar en un diálogo o comunión visual con la figura central. La simetría en la disposición de las figuras y sus gestos crea una sensación de equilibrio y armonía.

Debajo de las tres figuras principales, un grupo de querubines emergen de las nubes, mirando hacia arriba con expresiones de adoración. En el centro inferior, entre los querubines, se distingue una corona y, debajo de ella, dos corazones, uno coronado con espinas y el otro punzado por una daga.

La paleta de colores es rica en valores y profunda de color, con predominio de rojos, azules y tonos tierra para las figuras y las nubes, contrastando con el brillo de los halos triangulares. La iluminación, que parece emanar de la figura central, crea un efecto dramático de claroscuro, modelando los volúmenes de las figuras y las nubes, y acentuando la solemnidad de la representación.

[CDR]

En el lienzo que nos ocupa, que bien puede atribuirse a un pintor cercano a Miguel Cabrera, quien por cierto fue uno de los artistas del siglo XVIII que más gustó de representar a la Trinidad antropomorfa, se identifica a cada una de las divinas personas, no solo con los colores de sus vestimentas sino también con los símbolos de cada una. Para confirmar el misterio de Dios uno y trino, entre ellas sostienen un cetro, insignia del poder supremo.

Se muestra a Dios Padre como un anciano venerable, con su cabellera y barba blanca; viste de pontifical y su cabeza en muchas ocasiones va tocada por la tiara papal. En las manos suele llevar el globo terráqueo y un cetro, objetos que recuerdan que Dios es todopoderoso. Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad, generalmente luce como un joven adulto de alrededor de treinta años. Cubre su cuerpo semidesnudo un manto, de manera que muestra la herida del costado y muchas veces se apoya en la cruz de su sacrificio, aunque también puede ir vestido con túnica. Por último, Dios Espíritu Santo se representa como una blanca paloma, de acuerdo al Evangelio que narra el bautismo de Cristo. Generalmente va con sus alas desplegadas en medio del Padre y del Hijo.

En las representaciones novohispanas no hubo una regla, aunque es común observar que el Padre viste de blanco, el Hijo de azul y el Espíritu Santo de rojo, como en este caso. Pero también hay pinturas en las que las tres personas visten igual, con la túnica blanca y el manto rojo, o con la túnica roja y el manto azul, y en otras ocasiones, se les ve a todos de blanco. Además de los colores, cada una de las divinas personas suele llevar un atributo particular sobre su pecho: la paloma distingue al Espíritu Santo; Dios Padre suele exhibir un sol que significa la fuente de vida, lo inmutable, la inteligencia cósmica, y por último Dios Hijo, cuando no lleva el torso desnudo en el que se aprecia la herida del pecho. Sobre la túnica que lo cubre lleva un cordero, en clara alusión a su sacrificio, a su entrega en la cruz por la salvación de los hombres.

[CB]

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