Obra: Beato Juan Francisco Regis
Autor: Francisco Martínez
Fecha: Siglo XVIII (1717)
Técnica: Óleo sobre tela
Dimensiones: 149.5 x 92.8 cm
Colección: Museo de Arte Sacro de Chihuahua
[FM]
Inscripción:
BEATO Pe. JUAN FRANCISCO REGIS, Glorioso Lustre de la Compañía de JESUS; Esclarecido Timbre de la Nación Francesa, Misionero infatigable, Y de Caridad eximia, de invéncible Paciencia, y Angelical puresa. Obrador de grandes milagros, Grangeó recomendaciones sublimes en el reino de Francia por lo heroico de sus virtudos, y singularmente por su zelo ardientissimo de misionar a los pobres, y desvalidos. Murio en este apostolico exercicio en la Louvesc sobre las mas altas montañas de Vevares a treinta y uno de Diciembre de 1640 años, a los quarenta y tres de su prodigiosa vida, Beatificolo N.M.S.P. CLEMENTE XI a veinte y quatro de Mayo de el año de 1716.
Filacteria: A MANV ACCIP INCREMENTA. [Recibe en su mano la abundancia]
Firmado: Franciscus Martines fac. t Mexi… Dni M.DCC. XVII en el extremo inferior derecho
Fuente: Bargellini, Clara, 2008, pp. 257
Francisco Martínez fue uno de los artistas más importantes y prolíficos de la primera mitad del siglo xviii. Además de pintor, se desempeñó como dorador, retablista y funcionario de la Iglesia. La ausencia de registros sobre su formación impide trazar cualquier conexión con talleres o maestros novohispanos que hayan guiado su desarrollo artístico. No obstante, su estilo artístico sugiere una cercanía con el lenguaje de Antonio de Torres (1667-1731), Nicolás 1666/7-1734) y Juan Rodríguez Juárez (1675-1728). Lo que sí sabemos es que su nombre figura entre los artistas que se agruparon en defensa del arte de la pintura como un arte liberal —ajena a los trabajos manuales o fabriles, — y en la fundación de la academia de pintura en 1754 y 55.
Esta pintura, la más antigua conocida del autor, representa a San Juan Francisco Regis de pie, sosteniendo un crucifijo con su mano derecha mientras la izquierda, entreabierta, se inclina hacía el suelo. A su lado derecho, sobre una mesa de madera se aprecian semillas o granos. La obra resalta por la precisión de su dibujo, sobre todo en el rostro del santo, cuya expresión es sutil; por el manejo armonioso de los pliegues en la indumentaria; y por la sobriedad del rango cromático, que prioriza el valor tonal. El claroscuro, una característica distintiva de su lenguaje plástico, se manifiesta plenamente aquí, confiriendo un sentido narrativo que realza la figura del personaje con una elegancia y gentileza notables.
En la composición de esta pintura, la posición de las manos es clave: la derecha con el crucifijo y la izquierda señalando al suelo. Ambas crean dos líneas diagonales que convergen en el centro del formato e interrumpen la rigidez de las líneas rectas del personaje. Estas diagonales son fundamentales en la composición, y el artista las resalta para dotar de movimiento a la obra.
[CDR]
Este lienzo de 1717 es el primero fechado que conocemos de Francisco Martínez, y uno de los primeros retratos de Juan Francisco Regis, beatificado apenas un año anterior. Es muy posible que el cuadro haya estado en el Colegio de Chihuahua, junto con otras representaciones de santos de la orden pintados por el mismo artista y ahora conservados en el mismo museo. Por otra parte, el lienzo fue hecho antes del inicio de la construcción del Colegio, en 1718. Todavia no conocemos la historia completa, pero Fernandez sugiere que el padre Juan Antonio Oviedo, quien había asistido a las ceremonias de la beatificación en Roma, fue el promotor de la devoción a Regis. La restauración para esta exposición sirvió para recuperar la inscripción completa.
La importancia de Juan Francisco Regis (1597-1640) para los jesuitas y para toda la Iglesia católica descansa en su vida ejemplar como religioso y en su enorme dedicación a las misiones entre cristianos. Educado con los jesuitas desde su infancia y ordenado sacerdote en 1631, Regis quería ir a las misiones en Canadá. Sin embargo, trabajó un tiempo como docente en colegios jesuitas hasta que fue asignado a las misiones rurales en los territorios montañosos del sur de Francia, a las que dedicó los últimos ocho años de su vida. La región estaba desgarrada por las guerras de religión entre protestantes y católicos y asolada por los problemas de siempre: enfermedades, hambre, criminalidad, pobreza.
El grano en la mesa y en la mano del jesuita, que cae al suelo, recuerda las milagrosas abundancias que el santo logró para el beneficio de los pobres. Predicador elocuente e infatigable ministro de los sacramentos, el beato Juan Francisco Regis paso a mejor vida durante una misión den Lalouvesc (Ardéche). Fue canonizado en 1737.
[CB]