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Obra: La circuncisión

Autor: José de Páez

Fecha: Siglo XVIII

Técnica: Óleo sobre tela

Dimensiones: 213.5 x 149 cm

Colección: Museo de Arte Sacro de Chihuahua

Fuente: Bargellini Clara 2019 [CB], pp 132

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Firma: Jph. de Paez fecit, en Mexico

La composición de esta pintura gira en torno a la solemnidad del rito y a la interacción entre los personajes principales. La Virgen María ocupa una posición destacada en el extremo izquierdo de la escena; con una mano sobre el pecho y la mirada fija en el Niño, su rostro, más iluminado que el del resto de las figuras, capta de inmediato la atención del espectador, subrayando su papel protagónico.

A su lado se encuentra San José, representado de cuerpo entero. Su gesto, con la mano levantada y la palma entreabierta, añade expresividad a la escena. En el centro, el Niño Jesús aparece como la figura más vulnerable y expuesta, recostado sobre una mesa o altar cubierto por un paño rojo, acentuando el carácter sacrificial del acto.

El Circuncidador, vestido con ornamentos litúrgicos que incluyen una mitra roja, encarna la autoridad religiosa y cumple la función de oficiante del rito. Frente a él, una figura arrodillada en primer plano sostiene un recipiente, lo que enriquece la narrativa visual y añade profundidad espacial. A la izquierda, otra figura contribuye a reforzar la solemnidad del acontecimiento.

El fondo arquitectónico, que remite al interior de un templo, sitúa la escena en un contexto sacro e histórico. La cortina roja suspendida en la parte superior aporta un elemento de teatralidad y refuerza el carácter solemne de la composición.

En cuanto a la técnica pictórica, destaca el uso de una base de preparación rojiza que define los contornos de las figuras principales, generando un contraste que dirige la mirada del espectador hacia los elementos más significativos. Las pinceladas suaves, especialmente evidentes en las carnaciones, aportan un acabado delicado y armonioso.

El uso del color y la luz trasciende lo decorativo: funciona como un mecanismo narrativo que establece jerarquías visuales. Al aplicar mayor luminosidad, saturación y nivel de detalle en las figuras centrales, Páez logra no solo destacar a los personajes clave, sino también provocar un impacto emocional inmediato.

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El nacimiento de Jesús quedó estipulado el 25 de diciembre y, en consecuencia, la ceremonia de la circuncisión se fijó ocho días después; es decir, el 1 de enero. Para los judíos, la circuncisión de niños varones es necesaria como señal de la alianza de Abraham con Dios. En ese día el hijo de María recibió su nombre: “Llegado el día octavo en que debía ser circuncidado el niño, le fue puesto por nombre Jesús, nombre que le puso el ángel antes de que fuese concebido” (Lucas II, 21).

La pintura de José de Páez ilustra la ceremonia en presencia de María y José. El Niño se encuentra sentado sobre el altar, cubierto con un lienzo blanco mientras es sujetado de los brazos por el sacerdote. El mohel, sacerdote especializado, está a punto de realizar la cirugía con un cuchillo pequeño. María está en primer plano a la izquierda, dando la espalda a la escena. Al centro se ve a un joven asistente arrodillado que parece estar observándola mientras José, a la derecha, con un ligero movimiento, voltea a verla, al mismo tiempo que señala el evento central con la mano derecha. La devoción a esta fiesta experimentó una renovación gracias a la orden de los jesuitas que la convirtió en su fiesta principal, porque fue en ese día cuando el Salvador recibió el nombre de Jesús con el cual se identifica la orden fundada por Ignacio de Loyola.

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