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Obra: La Flagelación
(La coronación de espinas)

Autor: José de Alcibar

Fecha: Siglo XVIII (1776)

Técnica: Óleo sobre tela

Dimensiones: 168 x 111.5 cm

Colección: Museo de Arte Sacro de Chihuahua

Fuente: Bargellini Clara 2019 [CB], pp 56

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Firma: Joseph de Alzibar Pinxit. (Parte inferior al centro)

El lienzo presenta una escena centrada en la figura de Jesucristo, quien ocupa el primer plano y es el foco principal de la composición. Cristo aparece de rodillas, con el torso desnudo y el cuerpo inclinado hacia adelante en un gesto de sufrimiento y resignación. Su piel, marcada por heridas y rastros de sangre, evidencia el castigo físico que está soportando, un detalle que resalta la crudeza del momento. Las heridas, pintadas con tonos rojos y ocres, contrastan con la palidez de su cuerpo, creando un efecto visual que invita a la contemplación de su sacrificio.

Alrededor de Cristo, se agrupan varias figuras que desempeñan el papel de los verdugos. Estos personajes, que revelan torsos musculosos, están inmersos en la acción de flagelar a Jesús. Cada uno sostiene un látigo o vara, cuyos extremos se entrelazan en el aire, capturando el movimiento y la violencia de la escena. Las posturas de los verdugos son dinámicas: algunos levantan los brazos en pleno golpe, mientras que otros se inclinan para ajustar sus instrumentos de tortura.

La composición espacial de la pintura está cuidadosamente estructurada para guiar la mirada del espectador. El primer plano, dominado por las figuras de Cristo y los verdugos, ocupa la mayor parte del lienzo, creando una sensación de cercanía e inmediatez. Detrás de ellos, un fondo arquitectónico sugiere un interior cerrado, posiblemente una prisión o un patio, delimitado por una pared grisácea y una ventana circular con barrotes en la parte superior izquierda.

Finalmente, en la esquina superior derecha, una escena secundaria representa la Coronación de Espinas: Jesús, sentado y cubierto con un manto rojo, mientras otros personajes le colocan la corona. Esta adición en la pintura no solo da continuidad a la escena principal, sino que cumple una clara función didáctica y de catequesis.

[CDR]

Los evangelistas hacen referencia a la flagelación, pero de manera muy breve y general. No obstante, este momento fue el elegido por los pintores novohispanos para desbordarse en la representación del sufrimiento físico en la persona de Jesús (Robin, 2007). Alcíbar representa a Cristo arrodillado, sucumbiendo a los latigazos de sus atacantes junto a una columna baja.

En este lienzo se representa a Cristo arrodillado, sucumbiendo a los latigazos de sus atacantes junto a una columna baja. Alcíbar supo variar admirablemente las posturas, así como los instrumentos de tortura de los cinco verdugos que rodean a Jesús; uno de ellos, preparándose para darle con fuerza un golpe, da la espalda al espectador mientras otro, también a la izquierda, jala con fuerza la soga que sostiene al Salvador. La espalda deshecha de Cristo, la actitud del verdugo que agarra con la mano la cabellera de Cristo, las actitudes violentas de los demás y los propios ojos casi en blanco de Cristo, debieron haber impactado al fiel novohispano. La escena está ambientada en un interior definido por una pared y un gran cortinaje que se abre a una ventana redonda por el lado izquierdo. En el lado superior derecho se encuentra la escena secundaria y en otro interior poco definido, ocurre la coronación de espinas. Ambos espacios estarían en el palacio de Pilatos. El horror de la escena principal en primer plano contrasta con la relativa tranquilidad de la escena complementaria donde Jesús, sentado y vestido con un manto rojo, sufre mientras unos sayones le colocan la corona de espinas, y otro –arrodillado– le presenta la caña.

La tradición iconográfica ha empleado dos tipos de columnas sustentadas por leyendas diferentes. Se considera a la columna baja, traída de Jerusalén por el cardenal Giovanni Colonna en 1223 y actualmente conservada en Roma en la Iglesia de Santa Práxedes, como la auténtica de la flagelación (Mâle, 212). A partir del siglo XVI fue incorporada al arte religioso, haciendo más dolorosa la representación de la tortura de Cristo que con la columna alta, en la cual se podía apoyar el Salvador para recibir los golpes.

[CB]

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