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Obra: Santo Tomás de Aquino

Autor: Anónimo novohispano

Fecha: Siglo XVIII

Técnica: Óleo sobre tela

Dimensiones: 150 x 84 cm

Colección: Museo de Arte Sacro de Chihuahua

Fuente: Bargellini Clara 2019 [CB], pp 149

La pintura presenta una figura central, Santo Tomás de Aquino, vestido con una túnica blanca y un hábito negro con capucha. El personaje está de pie, mirando hacia el espectador, con una expresión serena y contemplativa. Su mano derecha está levantada en un gesto de bendición o de enseñanza, con el pulgar, índice y medio extendidos, mientras que los dedos anular y meñique están recogidos.

En su mano izquierda, el personaje sostiene un libro abierto, que parece ser un texto con algunas palabras visibles en las páginas. Sobre su cabeza se vislumbra una aureola dorada sutil, y una paloma blanca desciende desde la parte superior derecha, simbolizando el Espíritu Santo, la inspiración divina o la pureza.

La composición del fondo se divide en dos planos principales. El primer plano, donde se encuentra el santo, es un espacio arquitectónico que sugiere una terraza o una plataforma elevada. El segundo plano, detrás del personaje, es un paisaje muy estilizado que se extiende hacia el horizonte. A la izquierda, se aprecian montañas o colinas difusas en la distancia, mientras que a la derecha hay un área más abierta, posiblemente un valle o una llanura, con algunos árboles o vegetación. La transición entre el cielo y la tierra es suave, creando una sensación de profundidad y amplitud.

La iluminación en la pintura parece provenir de la parte superior izquierda, proyectando una luz suave sobre el rostro y la figura del santo, destacando sus rasgos y la textura de sus vestimentas. Los pliegues de la túnica blanca y el hábito negro están bien definidos, mostrando la habilidad del artista para representar volúmenes y sombras. En general, la composición es equilibrada y centrada, dirigiendo la mirada del espectador directamente hacia la figura sagrada, acentuando su importancia espiritual.

[CDR]

Salida del pincel de un desconocido artista activo hacia las primeras décadas del siglo XVIII, esta novedosa representación de santo Tomás de Aquino. Santo Tomás de Aquino (1225- 1274) pertenecía a la familia condal de Aquino, y tras una permanencia en la abadía de Montecassino, fue enviado a Nápoles, donde en 1243 y contra la voluntad de su familia, ingresó a la orden fundada por santo Domingo de Guzmán; fue discípulo de san Alberto Magno en Colonia y París, y culminó sus estudios de Teólogo en la Sorbona. Murió a los 48 años de edad cuando se dirigía al Concilio de Lyon. Tras ser canonizado en 1323, se convirtió en motivo de orgullo de su orden, que lo celebró como el quinto “Doctor de la Iglesia Latina.

El santo viste el hábito blanco y negro de la Orden de los Predicadores, pero cubre su cabeza con un camauro o ceñido gorro oscuro. Su rostro refleja una gran tranquilidad y dirige la mirada hacia el espectador, al tiempo que con la mano derecha, extendida en retórico gesto a la altura del pecho, pareciera aclararnos algún punto oscuro de la doctrina contenida en el libro abierto que sostiene en su mano izquierda.

A santo Tomás, tal como vemos en este cuadro, se acostumbra representarlo portando un libro, elemento con el que se alude a la elevada sabiduría que expresó en sus escritos, entre los que destaca su obra cumbre, la Summa Teologica, pero también, como vemos en este lienzo, se gusta colocar a la paloma del Espíritu Santo hablándole al oído, detalle con el que se refuerza la idea de que la profundidad de pensamiento no descansaba en la sabiduría de los hombres sino que le era inspirada por Dios. Cuelga de la cadena un dorado y radiante sol, detalle con el que, al parecer, se alude a la visión de fray Alberto de Brescia.

[CB]

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